PRENSA

TRES AMORES OSCUROS

El compositor catalán Enric Palomar ha dado forma a un gran tríptico sinfónico para dos pianos, dos cantaores y orquesta, Tres amores oscuros, basado en tres poemas de Federico García Lorca. La obra exige máxima concentración a los músicos y al público, pero el esfuerzo se ve recompensado con el descubrimiento de insólitos hallazgos sonoros en su rico y denso lenguaje sinfónico. En la concepción rítmica se respira, esencializada, la huella del flamenco, y la influencia de Falla se hace patente, a modo de homenaje, en el gesto teatral de las castañuelas que preludian cada escena del tríptico. La escritura de los dos pianos figura entre los grandes logros de la partitura: sin caer en la tentación concertante, refleja el misterio y los conjuros de los versos de Lorca con sutileza y refinamiento sonoro.

Javier Pérez Sénz
El País

Que el compositor Enric Palomar es uno de los grandes nombres de la creación musical de nuestro país no puede dudarse. Algo distinto es que no se sepa en demasía, por su condición de outsider y con residencia en Berlín incluida desde hace ya unos años. Pero es innegable que estamos delante de un gran creador musical con muchas cosas que transmitir. Una prueba de ello, la encontramos dentro de la temporada de la OBC con el estreno mundial de Tres amores oscuros.
A partir de la poética de García Lorca, los oyentes hemos estado inmersos en una atmósfera orquestal hipnótica y onírica que con gran dominio de complejos orquestales, con influencias ligetianas incluídas, y una escritura de orfebrería en los pianos, ha demostrado saber dialogar sin complejos con la mejor tradición del nacionalismo musical hispánico de compositores como Falla o Gerhard.

Oriol Pérez i Treviño
El Punt Avui

Tres amores oscuros, tríptico sellado y escrito con su habitual mano para la simbiosis entre el mundo flamenco y el sinfónico.
La obra está marcadamente seccionada a lo largo de sus tres movimientos siguiendo un esquema común donde la instrumentación notifica las secciones y el texto vertebra el discurso musical. Es interesante que castañuelas y panderetas anuncien –incluso de forma tan notoria– dichas secciones, evocando lo folklórico y lo popular a las estrofas de Lorca en relación a los puntos climáticos de cada uno de estos “amores oscuros”. Palomar evita en este tríptico el caer en clichés o modismos flamencos evidentes, imprimando especialmente ese “aire” hispánico en el plano vertical –sobre todo en las cuerdas– y en acordes y clústeres armónicos suspendidos en el tiempo y en el verso.

Carlos García Reche
Platea Magazine

Hace tiempo que seguimos la trayectoria del compositor Enric Palomar, de quien nos gusta mucho su obra, especialmente la operística, con muestras formidables de originalidad, inteligencia e instinto teatral innegable (Ruleta, La Cabeza del Bautista…). Pero también nos gusta la obra de este compositor catalán residente en Berlín por su capacidad de síntesis en todo los que compone y a la vez de tender puentes y contrastes con géneros tan aparentemente lejanos entre sí como son la música actual (sin dejar de profundizar en la tradición) y el flamenco. Esto es lo que pasa en Tres amores oscuros, un tríptico para cantaora y cantaor solistas, dos pianos y orquesta. La base literaria de Federico García Lorca (Yerma y Bodas de Sangre) y de los personajes de Tamar y Amnón (Antiguo Testamento) acaba resultando anecdótica, porque lo importante es la inteligencia del tapiz musical, bien cosido de la mano de Palomar.

Jaume Radigales
Diari Ara

REQUIEM POR EL CANTAOR DE LOS POETAS

El público de Bogotá ha tenido la suerte de escuchar por primera vez en Latinoamérica el Réquiem por el cantador de los poetas. A la memoria de Enrique Morente, una atrayente obra coral del compositor catalán Enric Palomar, la cual no se puede considerar totalmente de vívida expresión religiosa, sino más bien, una cantata que utiliza elementos de la antigua misa de difuntos en latín, idioma hoy casi extinto hasta del mismo catolicismo, y también de los sonidos de la música flamenca. En sí, esta mezcla o este mestizaje, como se dice hoy, hace que la obra tenga diversas texturas sonoras a lo largo de toda la composición. Este réquiem sigue las partes tradicionales del orden del misal latino, en donde el coro lleva la voz cantante. No hay que olvidar que el cantaor Enrique Morente fue seise de la Catedral de Granada cuando era niño y, debió conocer el rito tridentino, previo al Concilio Vaticano II. En este sentido, el homenaje de Palomar no solo nace de la tradición folclórica española, en especial de Andalucía, sino también de elementos rítmicos y sonoros de la tradición de Enrique Granados y Manuel de Falla, como el mismo compositor reconoce. La mezcla de tradiciones en la obra de Palomar hace que la obra tenga una sonoridad peculiar, en especial, aunque parezca extraño, se aleja de los folclorismos regionales españoles para adentrarse al estudio de la armonía de ambiente sacro, por medio de las palabras latinas y de lo profano, por medio del cante flamenco. De este modo, se entremezclan diversas tradiciones musicales en el Réquiem por el cantaor de los poetas, dando una unidad propia a la composición, en especial, al convivir dos mundos opuestos en la narración musical.
Ricardo Visbal Sierra Revista Scherzo – 5 de Junio 2019
El compositor catalán Enric Palomar da un paso de gigante en la definición de un estilo propio que, siguiendo la estela iniciada por Manuel de Falla, crea un singular espacio de encuentro entre el flamenco y la música clásica. (…) No hay concesiones aflamencadas en una exigente escritura vocal de la que Hinojosa salió airosa por aplomo técnico y variedad expresiva. A su lado, Martínez, un cantaor de fina y elegante línea, se mostró como un intérprete de notable musicalidad y afinación, sin excesos temperamentales.
Javier Pérez Senz El País – 7 de Noviembre 2017
La paleta musical de Enric Palomar bebe sin complejos de muchas fuentes. En este Requiem por el cantaor de los poetas sobre la belleza plástica de la poesía de Santiago Auserón y José Gorostiza y la solemnidad de la misa de difuntos, teje referencias al legado coral y sinfónico europeo, junto a la tradición litúrgica cristiana y el cante flamenco. (…) Coro, soprano y cantaor son tres esferas que dialogan, se superponen, se intercambian… suprimiendo las fronteras arquetípicas culto/popular para alzar un ciclópeo monumento sinfónico-coral a sus referentes como Enrique Morente (…)
Diego A.Civilotti Platea Magazine
Autor de dos de las mejores óperas catalanas de los últimos lustros, Enric Palomar ha asumido ahora un encargo poco usual en estos parajes: en lugar del típico aperitivo de un concierto, el compositor ha asumido el papel principal, una partitura de grandes dimensiones y ambición. (…) Uno de los rasgos de una partitura que alterna paroxismos sonoros con irisaciones postimpressionistas es la desarmante naturalidad con la que Palomar insiere un cantaor en el buen trabado tejido sinfonicocoral. El impacto se ve incrementado por la interpretación excepcional de Pere Martínez, con una generosidad expresiva y una riqueza de matices que enriquecen los versos de Santiago Auserón y José Gorostiza, al lado del canto más envolvente de la soprano Maria Hinojosa. (…) Fue en las hipnóticas olas sonoras del conclusivo In Paradisum donde Palomar consiguió la óptima integración de todos los elementos en juego.
Xavier Cester Ara – 5 de Noviembre 2017
La paleta musical de Enric Palomar bebe sin complejos de muchas fuentes. En este Requiem por el cantaor de los poetas sobre la belleza plástica de la poesía de Santiago Auserón y José Gorostiza y la solemnidad de la misa de difuntos, teje referencias al legado coral y sinfónico europeo, junto a la tradición litúrgica cristiana y el cante flamenco. (…) Coro, soprano y cantaor son tres esferas que dialogan, se superponen, se intercambian… suprimiendo las fronteras arquetípicas culto/popular para alzar un ciclópeo monumento sinfónico-coral a sus referentes como Enrique Morente (…)
Diego A.Civilotti Platea Magazine

ÉGLOGA

La paleta de Palomar es caleidoscópica, como los barceloneses. Ha tocado diferentes palos: música contemporánea, jazz y pop, pero desde hace mucho tiempo investiga sobre el trasvase de los elementos del flamenco a la música clásica. (…) En la obra de Palomar ese entronque es doble. Por una parte, estudia el flamenco para poder aprehenderlo desde una primigenia “desnudez de conocimiento” y por otra, relee lo que de él han dicho Falla, Granados o Turina. Después, manipula esta herencia atemporal y la dota de energía renovada. La que caracteriza al cuarteto, pues vitalidad es lo que destila el vertiginoso inicio de El maleficio de la mariposa, un homenaje a la primera obra de Federico García Lorca fracasada en 1919. Una pieza cambiante, divertida, a veces burlona y siempre sensible; deliciosa ilustración sonora. Continúa Égloga, una suite en seis movimientos en la que, como otras veces, Palomar encuentra su fuerza motriz en la literatura. Con versos de varios sonetos y dos de las Églogas de Garcilaso arma un trágico canto al amor, lleno de ayes y quejíos. La sigilosa “Introducción” da voz, sorpresivamente, al pastor Salicio. “Tiento” es de carácter narrativo y lamentoso. Una bulliciosa y vivaz “Bulería” llama al carpe diem (Soneto XXIII). Le sucede un contemplativo “Chorale” sobre el Soneto V (Escrito está en mi alma vuestro gesto), combinado con la Égloga I. “Cortejo y llanto” muestra a unas atareadas ninfas (Soneto XI) hasta que el poeta/músico cae en la locura y el dolor más profundo (Soneto XXXVI), una escena descrita profusamente con trazo tortuoso y virtuosa interpretación. El “Finale” vuelve al Soneto V para exclamar: «Yo no nací sino para quereros». La exigencia de esta partitura a músicos y cantaor es máxima. En el resultado se percibe la pulcritud de todos ellos. En el cante, Martínez ha de emplear una amplitud de recursos que van desde los quiebros, melismas y prosodia flamenca a amplios saltos interválicos y falsete contemporáneos, con lo que el compositor equipara lo popular y lo culto. Lo mismo sucede en las tres canciones tantas veces reinstrumentadas y tan acertadas aquí en su expresión: Café de Chinitas, Sevillanas del siglo XVIII y Los reyes de la baraja. Por el contrario, Epigramas Nazaríes no tiene canto. Son nueve miniaturas que sonorizan otros tantos aforismos tallados en las paredes de La Alhambra. Breves pensamientos, al modo de los Preludios chopinianos, sobre valores humanísticos universales de los cuales no se da ninguna pista. Es el oyente quien los debe reinterpretar en una escucha subjetiva. Eso sí, no cabe duda de cuál es la esencia de todo esto: el “Epigrama 4” está construido sobre una célula de “En el Generalife”. El Poco calmo del primer movimiento de las Noches en los jardines de España.
Daniel Martínez Babiloni Mundoclásico – 20 de Noviembre 2018

CONCERTO FOR ORCHESTRA

Temperamentvoll beginnt Palomars Concerto mit einem Tutti-Rauschen und gleich darauf herabgleitenden Blech-Läufen. Palomar nutzt in den drei Sätzen «Fanfare und Passacaglia», «Nocturnal Scherzo» (eine recht ereignisreiche Nacht, sofern man das aus der musikalischen Ereignisfülle schließen kann) und «Danza. Cantiga. Finale» das gesamte Arsenal an Klangwirkungen des 20. Jahrhunderts von der Moderne bis Witold Lutoslawski. Weil er das musizierfreudig, motivintensiv und in freudiger Annahme seiner musikalischen Wurzeln komponiert hat, entstehen beim Hören Wohlgefühle wie später bei der Alpensinfonie. Dem intuitiven Kompositionsstil merkt man in beiden Partituren das künstlerische Ringen um die Zwanglosigkeiten nicht an. Eines der Motive im zweiten Satz des Concertos klingt bereits bekannt. Und richtig, es ist «Von den Pappeln komm ich her» aus den Villancicos y canciones des Juan Vásquez aus dem 16. Jahrhundert. Palomars Motivsystem greift nach Klangcharakteristiken der iberischen Welt aus alter und jüngerer Vergangenheit. Kolorit und Gehalt haben in dieser Partitur eine Doppelbödigkeit wie in der Alpensinfonie. Palomar und Strauss gleichen sich darin, dass sie Metaphern und Inhalte ihrer Werke auf den  haushohen Wellen von atmosphärischer und musikalischer Überfülle dahintreiben wie Nussschalen. (…)
Roland H. Dippel Das Orchester N. 9, 2016

LAS MOIRAS

La música de Enric Palomar, portentosa en su fluir entre los motivos stravinskianos y el flamenco, se constituye en la mejor plataforma posible para que las Moiras acontezcan, atonal e irregular cuando corresponde y particularmente conmovedora en los matices. Pero es en los silencios (también por obra y gracia de la música) donde el espectáculo alcanza su cima. Más aún, hacía mucho tiempo que un silencio en escena no resultaba tan gratificante ni tan cargado de intenciones, al menos a este espectador. Las Moiras es, en fin, una propuesta de altura. Larga vida.
Pablo Bujalance Málaga Hoy – 14 de Julio 2016

BAZAAR CASSANDRA

Unterhaltsam und spannend ist die Musik des spanischen Komponisten Enric Palomar. Auf weiche und verspielte Melodielinien folgen scharfkantige Akzente (…)
Moritz Eckert Der Tagespiegel – 13 de Octubre 2014
Fantasiereich und kraftvoll ist die Musik von Enric Palomar (…) Was sie dann wie alle in der Neuköllner Oper erlebten, war von künstlerischen Qualität her in ihrer Sprache precioso-prachtvoll!(…) Man geht bewegt aus dieser Oper, bei deren Aufführung der Beifall nicht enden wollte (…) Hervorragend gemacht.
Lucía Tirado Neues Deutschland – 13 de Octubre 2014

NEGRO GOYA

Enric Palomar, sin abandonar la estética de la música española -hay claras referencias fallescas- ha compuesto una partitura llena de vigor, fuerza, dramatismo y expresividad. Ha dispuesto inteligentemente los planos preponderantes de la percusión como elementos fundamentales de la acción, conjugándolos con la agresividad del metal y disonancias elocuentes de una cuerda dúctil. No es sólo una partitura convencional de ballet para subrayar la escena, sino que esta se vigoriza buscando el apoyo musical.

Juan José Molinero
Granada Hoy – 10 de Julio, 2011

PIANO CONCERTO

Se trata de una partitura ambiciosa, concebida en cuatro movimientos y con una escritura rica, compleja y de aclaparadora fuerza rítmica, que exige precisión, virtuosismo y concentración a los intérpretes.(…) Hay muchas influencias en su comunicativo lenguaje, desde la refinada paleta de colores que remiten a la escuela francesa, hasta el imaginativo uso de citas i materiales de origen popular, que sigue la mejor huella posible de Falla y de Gerhard. Su música no aburre nunca. Al contrario, es capaz de animar el discurso concertante con un alud de ideas, una brillante orquestación y una escritura solista que ofrece oportunidad de lucimiento a granel.(…)Tímbricamente, el concierto ofrece instantes mágicos, de gran lirismo, aunque predomine el trepidante sentido rítmico y los poderosos contrastes dinámicos.

Javier Pérez Sénz
Diari Ara – 4 de Mayo, 2011

LA CABEZA DEL BAUTISTA

Palomar utiliza temas recurrentes y otros elementos unificadores de la tradición clásica. En su escritura no falta ni vigor sinfónico de ritmo incesante, ni la cantidad apropiada de disonancias para ser clasificada como «moderna», o incluso «postmoderna» o «minimalista»; está fuertemente arraigada en los ritmos de la música y los bailes populares hispanos que tuvieron su orígen en el Renacimiento y pasarían más tarde por las interpretaciones de músicos no hispánicos como Domenico Scarlatti, Bizet y Rimsky-Korsakov. Cierto, las líneas vocales son tan conducidas por la palabra como en cualquier ópera de Britten, lo cual supone una relativa dificuldad incluso para el publico local, ya que el libreto contiene varios niveles de discurso, mezclando dialecto y argot con la gran poesía. Por otro lado, mientras que en la música de Palomar la línea divisoria entre elementos de la cultura popular y de la alta cultura es difícil de trazar, su sabor nacional es inequívoco y libre del intelectualismo que se impone demasiado en gran parte de la música contemporánea.

Carlo Vitali
MusicalAmerica.com – New York, 30 de Abril, 2009

Una verdadera ópera, con un argumento sólido y unos personajes bien caracterizados, reunidos en noventa minutos de espectáculo que transcurren sin entreacto.(…)La cabeza del Bautista se escucha, por lo tanto con mucho placer: una música francamente tonal, bien organizada y bien orquestada. En noventa minutos, uno no llega a aburrise ni un solo momento.

Richard Martet
Opéra Magazine – Paris, Junio, 2009

Palomar ha ido paso a paso y si en sus obras anteriores ya apuntaba cosas interesantes,ahora, en su tercer trabajo, está ya muy consolidado. El compositor ha hecho una música que, siendo actual, no rehuye la melodía, en la que los momentos (…) en los de mayor fuerza dramática impone una orquestación densa y llena de vitalidad que refleja toda la fuerza del drama, los sentimientos contrastados de miedo, pasión, chantaje, en un ambiente sórdido, donde se destapan todo tipo de pasiones…

Albert Vilardell
El Mundo – Barcelona, 22 de abril, 2009

Tras dos óperas de cámara –Ruleta (1998) y Juana (2006)-, el compositor Enric Palomar da un paso de gigante en la consolidación de su lenguaje operístico con el estreno mundial, en el Liceu y a lo grande.(…) Una partitura de brillante colorido y vigor sinfónico, que Josep Caballé recrea con estupendos resultados en el foso.(…) La obra que contiene aciertos incuestionables, y la calidad del montaje firmado por Carlos Wagner,obtuvieron muy buena acogida en un estreno que terminó con aplausos casi unánimes.(…)

Javier Pérez Sénz
El País – Barcelona, 24 de abril, 2009

La música de Enric Palomar está arragaida en la sonoridad áspera de los diálogos que los cantantes llevan al limite de su tesitura. Expresiva y melódica, tranquila e incluso lírica a momentos, no desdeña la harmonía clásica pero tampoco se muestra reacia a la disonancia cuando la situación dramática lo requiere.

Jaime Estapà i Argemí
Webthea.com – Paris, 13 de mayo, 2009

El Liceo, a la hora de programar un estreno de un compositor catalán, ha tomado la opción del encargo explícito, rehuyendo del recurso al inventario de lo que queda en el vientre preparturiente de varios compositores (…) Y una vez más, también, (la fuente literaria) ha sido poderosa, de una fuerza y riqueza impresionantes (…) Éste es el caso de la recreación hecha por Ramón Maria del Valle-Inclán del mito de Salomé, trasladando el «qué» originario conocido al ambiente sórdido de la Galicia más negra de su época, en una recreación de una cautivadora, impresionante y renovada fuerza.(…) Sobre este material, el libretista Carlos Wagner y el compositor Enric Palomar han compuesto su propia recreación, que ha tenido el mérito de buscar más la fidelidad al espíritu y a la esencia de la obra madre(…) El suyo ha sido un trabajo deliberadamente artesanal, sólidamente artesanal, pero sin ser formalmente ni rutinario ni fuera de época.

En este sentido, Enric Palomar ha construido una partitura con oficio, o sea con capacidad para servir la rotunda carga expresiva del libreto , utilizando con inteligencia, cuando han hecho falta, fondos musicales de corte popular (…)

Jaime Comelles
Revista Musical Catalana – Junio, 2009

Palomar ejerce de artesano genuino en la bodega de los sonidos. Sus estructuras llegan claras, no es amigo de vanguardia y experimentos, se inclina hacía la atmósfera, y siempre subyace un sonido ibérico, un acento que mezcla la noche clara con lo absoluto, que evoca emociones fuertes pero nunca renuncia a la elegancia, a la inteligibilidad.Palomar sabe hacer sonar en la orquesta chantaje, lujuria, erotismo y vehemencia de manera maravillosamente sutil.

Reinhard Brembeck
Süddeutsche Zeitung – München, 23 de abril, 2009